Entré en la librería, quería comprarme el nuevo libro que había sacado mi escritor favorito, tenía que comprarlo, no me podía perder su nueva historia. Al entrar me di cuenta de que el dependiente no era el mismo señor mayor con el pelo canoso y con cara seria, esta vez era un chico joven de mi edad más o menos, podría tener... 19 años. Sin darme cuenta me quedé mirándole, era muy guapo, estaba moreno de haber ido a la playa todo el verano, tenía el pelo rubio, con un tupé, así es como lo llevan todos ahora, y sus ojos eran lo más bonito que había visto en toda mi vida, eran azules, azules como el mar. Me estaba mirando, ¡¡me estaba mirando!!, quité rápido la mirada, había sido muy descarada, aunque seguro que se le quedaban mirando así muy a menudo.
Con mucha verguenza me acerqué a la caja para pagar el libro, pero cuando lo puse en el mostrador no hizo nada, simplemente se quedó mirándome, yo también le miré directamente a los ojos y cuando se encontraron me preguntó -¿con tarjeta o en efectivo?- no me creía que solo fuera a decirme eso, que palo me había llevado -en efectivo- mis mejillas se encendieron rápidamente como de costumbre, había sido muy tonta al pensar que me diría algo diferente, algún cumplido. Le di el dinero y él me dio el libro con el tiquet metido en la bolsa.
Al salir no quería perder ni un minuto para empezar a leerlo y borrarme de la cabeza lo que había ocurrido ahí dentro, asi que lo saqué y de él calló un papel al suelo, me agaché y me quedé petrificada, ¡¡el dependiente me había dado su número!!
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