Quiero que me fumes, por favor. Necesito que lo hagas, volverme tu adicción diaria. Necesito que con cada calada absorbas esa parte de mi que me espanta. Que al soltarlo se esfume con cada huracán sin dejar cicatrices. Como un niño que pierde un globo y luego, solo durante segundos, se pregunta donde andará perdido.
En realidad, quiero ser culpable de muerte por sobredosis de inhalación de humo. Necesito que caigas a mi lado muerto de risa. Como si un unicornio pasara por tu lado para hacerte cosquillas.
Y entonces, allí tumbado, me busques entre la ceniza de cada calada de fuego. Como una llama que nunca se apaga pero que se consume.
Queriendo ser la droga de tu alcoholismo como las eternas caricias que recorren mi espalda mientras los labios se unen siendo mordidos. Clave de la adicción a lo destructible.
