domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Tienes fuego?

Quiero que me fumes, por favor. Necesito que lo hagas, volverme tu adicción diaria. Necesito que con cada calada absorbas esa parte de mi que me espanta. Que al soltarlo se esfume con cada huracán sin dejar cicatrices. Como un niño que pierde un globo y luego, solo durante segundos, se pregunta donde andará perdido.
En realidad, quiero ser culpable de muerte por sobredosis de inhalación de humo. Necesito que caigas a mi lado muerto de risa. Como si un unicornio pasara por tu lado para hacerte cosquillas.
Y entonces, allí tumbado, me busques entre la ceniza de cada calada de fuego. Como una llama que nunca se apaga pero que se consume.
Queriendo ser la droga de tu alcoholismo como las eternas caricias que recorren mi espalda mientras los labios se unen siendo mordidos. Clave de la adicción a lo destructible.


domingo, 13 de noviembre de 2016

Tiempo entre estaciones

Aquella noche de luna llena la luna estaba al lado de un lunar.
Aquel lunar era el que lo hacia todo tan peculiar.
Era un viernes con complejo de lunes.
Un segundo intenso mientras lo mirabas te hacia recordar el brillo de una estrella, como un punto rojo apagado que se enciende con cada calada.
Ese lunar era la prueba del cambio de estaciones, ese momento en el que las tristezas deciden disfrazarse de sonrisas para tener sensaciones extrañas al límite del fuego pero que al final acaban incendiando un bosque indefenso, sin remedio.
Aquello noche, la luna estaba al lado de un lunar y eso, en tiempo de estaciones, no podía traer nada bueno.
Bosques en llamas como la punta de un gran cigarro que no se apaga. Muestra de un crimen involuntario, del rebote de sentimientos extraños.
Aquella noche, ese lunar que se había pintado la luna, te hacia entender que solo se pintaba para que nadie viese ese miedo en su cara.
Aquella noche, en definitiva, no podía traer nada bueno.