Le parece sencillo pensar en la sensación de que el mundo se acaba, pero hasta pensar aquello le es complicado.
Está nerviosa. No para de tocarse el labio, con las uñas, de un lado a otro. Hasta que se ha hecho sangre.
Hoy todo le sabe a nada. Hasta la sangre le parece agua.
Cierra los ojos y se chupa el labio, una bebida masoca para gente loca.
Un cosquilleo se le resbala entre los dedos, terminando en un escalofrío que le llega hasta los huesos.
Le gusta ver como el fuego consume las cosas. Así cree que no es la única que se consume aunque no sea cierto.
Nadie se consume como ella, nadie puede hacerlo, nadie sabe lo que realmente sabe saber.

