Aquella noche de luna llena la luna estaba al lado de un lunar.
Aquel lunar era el que lo hacia todo tan peculiar.
Era un viernes con complejo de lunes.
Un segundo intenso mientras lo mirabas te hacia recordar el brillo de una estrella, como un punto rojo apagado que se enciende con cada calada.
Ese lunar era la prueba del cambio de estaciones, ese momento en el que las tristezas deciden disfrazarse de sonrisas para tener sensaciones extrañas al límite del fuego pero que al final acaban incendiando un bosque indefenso, sin remedio.
Aquello noche, la luna estaba al lado de un lunar y eso, en tiempo de estaciones, no podía traer nada bueno.
Bosques en llamas como la punta de un gran cigarro que no se apaga. Muestra de un crimen involuntario, del rebote de sentimientos extraños.
Aquella noche, ese lunar que se había pintado la luna, te hacia entender que solo se pintaba para que nadie viese ese miedo en su cara.
Aquella noche, en definitiva, no podía traer nada bueno.
0 comentarios:
Publicar un comentario