-Abre los ojos y mírame, mírame y dime que esto no te duele, que no te importa, que no te importa dar un paso y caer al vacío, porque yo estoy aquí, a centímetros de ti, a tu lado y lo estaba antes también y lo estaré en el futuro por eso quiero que me agarres de la mano, que me agarres fuerte, que notes mi presencia, que notes que me tienes ahí y que no te pienso dejar solo, así que alza la cabeza y mírame, coge mi mano-
Esas palabras no bastaron, él sabía que era cierto pero ya era demasiado tarde, ya había tomado su decisión y nada podría cambiarla, la miró con los ojos empañados y a medida que decía estas simples palabras, las lágrimas iban resbalando por sus mejillas, la echaría mucho de menos -te he dejado una carta en mi cuarto, quiero que sepas que te quiero, que nunca te dejaré de querer y que siempre pase lo que pase estaré a tu lado, te lo prometo- dio un paso y se dejó caer, cayó al precipicio mientras su hermana observaba como cada vez su cuerpo se hacía más diminuto hasta desaparecer.
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