miércoles, 11 de junio de 2014

Hoy es un día muy feliz para mi, escribir es algo que me llena, algo que me encanta hacer y por lo que tengo sueños, sueños de llegar a ser alguien importante. Suelo ser una persona un poco pesimista de vez en cuando, pero cosas como la que me ha ocurrido hoy me suben la moral. Por primera vez he ganado un concurso haciendo algo que realmente me gusta y es muy importante para mi, el concurso no era una cosa muy espectacular pero quedar entre los tres mejores de tu ciudad te hace muy feliz. En el concurso se tenía que escribir un relato o cualquier cosa que tu quisieras hacer sobre el alcohol (os dejo el documento aquí abajo), se realizó entre todos los institutos de mi ciudad y de entre ellos los tres mejores ganaban una tablet. Y aún sigo sin creerlo, sigo sin creer que soy una de ellos.


~¿Sigo siendo un pringado?~

Yo solía ser el pringado a quien nadie le echaba cuenta, al que todos odiaban. El pringado que estaba enamorado de una chica imposible.
Pero llegó un día en el que mi vida dio un giro completo y me pusieron de compañero al más guay de la clase, para mi sorpresa, le caí bien y quedé con él aquella noche en una fiesta. Cuando llegué mi corazón empezó a latir, ella estaba allí, en nuestro grupo, esta noche no podía echarlo todo por la borda. Después de saludarnos con ese choque de manos el guay me habló:
- ¿quieres algo de beber?- dudé, yo no quería beber, me daba miedo que efectos pudieran tener en mi, pero ¿que pasaría si dijera que no? ¿volvería a ser para todos el pringado de la clase?.
- no, gracias-
-venga tío, no seas plasta y bebe algo, ya verás que te gusta- todas las miradas se posaron en mi, incluso la de ella y vi como le decía algo al oído, seguro que le estaba recordando lo pringado que soy.
-Vale, ponme una de lo que quieras- dije por fin.
Terminé la primera copa, me la bebí lentamente ya que no quería coger otra, ya estaba empezando a sentirme raro, pero nada más verme con el vaso vacío, sin preguntarme, me volvió a llenar el vaso, me lo bebí, uno tras otro, sin control,  ya no parecía estar en mi cuerpo, todo era borroso, todo era confuso, risas, música, vómitos… todo era un caos. Hasta que no se como,  llegue a mi casa y todo se volvió negro.
Al día siguiente me despertó un tremendo dolor de cabeza, no recordaba nada solo las primeras copas que me tomé e intuí que fueron más de tres. Y desde ese dia supe que no volvería a suceder, prefería ser el pringado de la clase antes de no saber lo que había hecho durante toda la noche.

~¿Soy una chica normal?~

Todos los días le veo triste, solo, sin nadie que se acerque a hablar con él y en realidad me siento culpable porque yo tampoco lo hago. Cuando supe que esa noche estaría con nosotros en la fiesta no pude reprimir una sonrisa, quizás sería la noche perfecta para hablar con él, pero la verdad es que me equivoque,cuando llegó, nos saludó a todos y alguien dijo:
-¿Quieres algo de beber?- yo le conocía bien y se que diria que no.
- No, gracias- en efecto, él era parecido a mi, solo me hacia falta una copa o ninguna para disfrutar de la noche.
- Venga tío, no seas plasta y bebe algo, ya verás que te gusta- sabía que no pararían hasta hacerle beber, me acerque a su oído y le dije “para” pero la respuesta no tardó ni un minuto.
-Vale ponme una de lo que quieras- yo sabia que solo habia aceptado para poder encajar, pero
este no era su sitio, entre estos tipos. Le observé durante toda la noche y vi como se bebía una detrás de otra, me daba asco, asco de verlo asi, decidi llevarlo a casa, no me preguntes porque, pero se donde vive, le cogí del brazo y lo saqué a rastras de allí, no fue difícil ya que ni siquiera se acordaba de su propio nombre.
Desde aquel dia todo cambio para mi, decidí no enamorarme de alguien que es capaz de emborracharse solo por querer encajar.

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