domingo, 24 de enero de 2016

Portugal


Andaba sobre un bordillo de un país diferente. Lo era, si, pero a mi me parecia un bordillo de mi propio país. Mis pies se movían en fila, uno delante de otro, como si se tratase de un gato sobre una fina cuerda. Me arriesgaba a caer del bordillo o a sentir la tierra blandita bajo la suela de mi zapato. Llovía, mas bien chispeaba, pero aun asi se trataba de lluvia, pequeñas gotas de agua que se quedaban marcadas en mi ropa. Seguí con mi trabajo en el bordillo y quizás me puse melancólica. Las bonitas hojas marrones habían dejado su marca seca y perfecta  sobre él cuando todo a su alrededor estaba salpicado por aquellas odiosas gotas diminutas que me estaban mojando. Su forma era realmente  perfecta y bonita, puede que esa belleza ya forme parte de su perfeccion pero aun así es bonito destacarlo. Aunque luego su perfeccion quedaria enterrada y olvidada por aquellos que lo vieron y que a la vuelta ya no recordaban nada.

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