El frío de aquella habitación me calaba los huesos, me parecía extraño que en aquel día de verano tan caluroso tuviera tanto frío. Abrí los ojos y encontré al demonio sentado enfrente de mi escritorio.
Él no es como os imagináis, es atractivo e incluso parece una persona normal, salvo por su ropa oscura y la intensidad de sus palabras.
Sentía su mirada clavada en mi, quise hacerme la dormida, tenía miedo, pero eso no sirvió de nada, ya me había visto.
Empezó a hablarme en un idioma que nunca había escuchado antes pero que extrañamente entendí. Pintaba mi mundo de rosa y me ofrecía todo lo que deseara, sólo tenía que decir sí o no. Pero yo ya no estaba dentro de mi cuerpo, era como si su voz entrara en ti para dejarte vacía, sin conocimiento.
Mi boca quería decir no, quería obedecer a mi mente, pero la fuerza de mi cuerpo era mayor y mis labios se movieron solos pronunciando la palabra que nunca en la vida querría haber pronunciado, si.
0 comentarios:
Publicar un comentario