viernes, 4 de julio de 2014

Bodas de oro

El 27 del pasado mes mis abuelos celebraron sus 50 años de casados, es decir, sus bodas de oro. Lo que hicimos por ese día tan especial fue ir a comer con gran parte de toda la familia. Un día perfecto y lleno de emociones, alegres pero también tristes. Yo les hice un regalo, les escribí una carta que por supuesto no leí yo ya que me echaría a llorar en la primera línea.

UNA HISTORIA DE AMOR VERDADERO
Todo empezó en 1952 con una historia que muchos no quieren creer pero yo aseguro que es cien por cien verdadera. Esta es una historia en la que los protagonistas son un príncipe y una princesa sin ropa cara ni corona:

Una guapa modista andaba tranquilamente hacia su casa en el mismo momento en el que un joven a apuesto muchacho paseaba por la calle, él sintió lo que nadie se atreve a creer, el llamado “amor a primera vista”. No lo dudó un segundo y fue corriendo hacia ella, no quería perderse quizás la única oportunidad que tenía de conocer a esa linda muchacha. Se gustaban y durante días estuvieron saliendo, pasó el tiempo y ella empezó a ir como modista a su casa. Pasados seis años decidieron casarse, unirse aún más de lo que estaban, unir sus manos para trazar una vida y un camino juntos. Tuvieron dos hermosas y cariñosas hijas que llegado su momento tuvieron la suerte de conocer a su verdadero amor y tener una de ellas una hija y otra un hijo y una hija.

Si esta historia no fuera verdadera, si este amor no fuera cierto, yo no estaría escribiendo esta carta, no estaría aquí sentada rodeada de la familia celebrando sus bodas de oro.

Muchos no paran de decir que el amor verdadero no existe pero yo puedo decir que mienten, porque he tenido la suerte de verlo con mis propios ojos, he visto como mis abuelos se miran entre ellos, como se cuidan, como se sonríen… Y realmente yo cuando crezca quiero ser como ellos, quiero ser cariñosa como la abuela y alegre como el abuelo, quiero que algún día yo también pueda sentir el amor que sienten entre ellos y quiero tener una nieta que me quiera tanto como yo les quiero a ellos.

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