miércoles, 10 de abril de 2013

¿Tu & yo? ¿Imposible?

Dos lágrimas caían por mis mejillas, sus palabras habían llegado a mi corazón. Que lo digas tu misma, duele, pero que te lo digan los demás duele todavía más...
Tengo amigos, sí, pero ¿me quieren de verdad? pienso que si mi bosque se quemara y solo sobreviviera yo me quedaría SOLA, y ese es el peor sentimiento que cualquiera puede sentir.
He cometido pequeños errores en lo poco que llevo de vida, igual que tu, incluso personas han hecho cosas peores, no entiendo porque me toca a mí pagar, quizás sea para que más tarde llegue algo mejor algo que yo sepa valorar más que otras personas.

Hoy todo ha comenzado porque pasé por al lado de la mesa del que tanto odio, aunque no paro de mirarle y siento mariposas en el estómago cuando nuestras miradas se cruzan pero me intento convencer de que sería una estúpida al enamorarme de un tío tan inútil, bueno pues pase por al lado suya y sin querer le di en el hombro y como estaba escribiendo hizo una gran raya en el cuaderno por culpa mía, no le faltó ni un segundo para mirarme con cara de incredulidad y me decirme:
-Ya esta la estúpida esta molestándome...
-eh eh! De estúpida nada, si te echaras un poco para el lado, a lo mejor tendría más hueco para pasar ¿sabes?
-Quejica... como sigas quejándote tanto no va a quererte nadie, te vas a quedar sola.
Le mire a la cara durante unos segundos mientras las lágrimas recorrían mi cara y con todo mi odio empuje su mesa, quizás me pasé un poco porque casi se vuelca. Salí corriendo y entre en el baño, no paraba de repetirme en la cabeza esas palabras salidas de su boca... Entonces escuché pasos que se pararon delante de mi puerta, cuando escuché la voz me quedé helada... ¿que quería ahora? ¿no había tenido suficiente?
-¿puedo abrir la puerta?
-sii..
Abrió la puerta cuidadosamente y sus dedos quitaron con dulzura las lágrimas de mis mejillas.
-No lo he dicho enserio, yo no quería hacerte daño.
-Pues lo has hecho.
-Perdóname por favor, no me gusta verte llorar así.
-Es que estoy harta de ti, que de siempre me estés diciendo estas cosas, la verdad es que no se que te he...
Se que quería que me callara y aquella forma de callarme me gustaba, sentir sus labios junto a los míos, era el beso más dulce, aquel beso que siempre había esperado y por fin había llegado.
-Te odio.
-¿Por qué?
-Porque te quiero demasiado.

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