Andaba desesperada mirando el cielo, en busca de una de aquellas estrellas fugaces que se pierden. Una estrella sin dueño de deseo, perdida en un naufragio que se hunde entre las sonrisas de sus velas.
El silencio de la noche me adormecía con aquel balanceo continuo de siluetas sin figura que susurran melodias.
La brecha del cielo cada vez se hacía más profunda con cada melodía susurrada, con cada suspiro iniciado, con cada deseo desesperado y mi espíritu se deshacía al ir perdiendo la esperanza de salvar un naufragio de estrellas, aquellas que se hunden entre las sonrisas de sus velas.
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