domingo, 12 de junio de 2016

Bea

Una vez me encontré una piedra diferente a las demás, era bonita y difícil de rayar, era fuerte porque por más que jugaba con ella, su aspecto seguía igual. Me acompañaba a todos lados y yo la lucía como tesoro de una pequeña conquista, pero un tiempo en el que la tristeza parecía apoderarse de mis días, la piedra se rompió, sola, sin golpe alguno que lo propiciara, era preciosa, brillante y suave, era algo jamás visto, capaz de hacerme sonreír con sus bromas aunque a la vez parecía estar llorando conmigo.

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