Hay días que solo quieres llorar, como si al llorar cada lágrima que lloraras fuera algo de lo que te destroza, porque en una estúpida tarde te pueden suceder mil cosas.
¿Porqué no confías en mi? ¿Porqué no confío en mi? ¿Puedo confiar en ti? Estas preguntas hacen que cada lágrima recorra mis mejillas y caigan sobre la mesa formando un charquito, un charquito de preguntas.
Y estas preguntas puede que se resuelvan poco a poco pero mientras mis lágrimas no cesaran, aunque nadie las verá. No quiero que nadie se entere, porque quiero ver su felicidad, sus sonrisas que quizás puedan vencer a mis lágrimas.
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