sábado, 21 de mayo de 2016

De entre mis cosas favoritas

Y de entre mis cosas favoritas, una de ella es ir a "La clandestina" una pequeña cafetería con librería. Allí he descubierto el que creo, por ahora, uno de mis libros favoritos: "Cuentos detrás de la puerta" de Begoña Abad. Cada relato me sorprende y algunos me hacen hasta llorar:

Guerra
Esta triste otra vez, como cuando murió Duda, pero peor, porque Duda ya estaba muy enferma después de tener los cachorros y madre me explicó que era mejor que se muriera para no sufrir. Yo al principio no entendía lo que era sufrir y miraba a los perrillos mamando y acurrucados debajo de su tripa. Pensé que mi madre se había vuelto loca, o que era tan mala como la gente que mata, pero luego, cuando me acarició después de decirme eso, la vi que lloraba y me creí lo que decía porque sabía mucho y nunca me haría daño.
Madre es muy rara, no se parece a las otras madres, me habla mucho de cosas que a veces no entiendo muy bien hasta que pasa el tiempo y las pienso por la noche, cuando me acuesto. Es que algunas noches no puedo dormir porque escucho los disparos y las bombas que, aunque ella me dice que están lejos, a mí me parece que van a llegar cuando cierre los ojos. Si se oyen mucho, mama viene sin que yo la llame (yo no la llamo para que vea que no tengo miedo, antes sí tenía, ahora sólo me quedo despierto). Cuando viene a mi cama me peina el pelo y con los dedos, me dibuja en la espalda, o me escribe despacio y yo tengo que adivinar el dibujo o la palabra y ella se ríe un poco y los dos estamos juntos y acompañados. Madre tiene las manos duras cuando amasa el pan o remueve los leños del fuego, pero a mi me parecen muy suaves cuando me acaricia.
Esas cosas que me cuenta de sus abuelos y su pueblo cuando era pequeña, me gustan. Dice que olía a campo y celebraban fiestas y se reunían los vecinos a bailar y cantar. Así conoció a padre y nací yo. No había guerra. Ya no le pregunto qué es la guerra porque nunca lo entiendo y tampoco sé como es vivir sin guerra pero debe ser bonito. Una vez hicimos una fiesta cuando cumplí tres años y vinieron amigos y mi primo y madre hizo dulces. Ahora no podemos, no hay dinero y además mi primo está en el hospital. Le explotó una mina y le han cortado los pies, pero madre dice que cuando le pongan unos artificiales igual viene. Yo no puedo ir a verle por las minas, madre no me deja y yo le hago caso porque me lo dice muy seria pero sin enfadarse y además yo no quiero tener pies artificiales. También entonces ella estuvo triste, pero ahora no sé por qué es. A veces no se levanta de la cama porque dice que tiene frío pero cuando la toco a mí me parece que tiene mucho calor. Esos días no come y duerme mucho. Le doy agua cuando abre los ojos y para que no tenga miedo, le dibujo con el dedo, como ella me hace a mí. Siempre le dibujo flores y pájaros y le escribo mi nombre como me ha enseñado y la palabra madre que también me sé. Lo adivina enseguida pero se ríe poco y se le caen las lágrimas y aunque dice que es de tanto como me quiere, yo sé que está triste, porque yo también la quiero pero no lloro por eso.
He pensado que puede ser porque no tiene dinero y se me ocurre que los gobernantes hicieran billetes y los dejaran caer desde los aviones para quien lo necesite; también se me ocurre que podríamos marcharnos al pueblo donde nací y hacernos una casa a la orilla del río y volver a encontrar a los vecinos y hacer fiestas y olvidarnos de este olor a pólvora y humo.
Cuando le digo estas cosas, me dice que cuando sea mayor lo haremos. pero a mí me parece que ya soy mayor, que aunque no entiendo qué es la guerra sé que no me gusta y que si esperamos mucho más, madre ya no podrá dejar de estar triste y no volveremos a dibujarnos en la espalda y a lo mejor tampoco estamos juntos y acompañados.

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